MSc. Greelyn Rodriguez Jimenez
Cuando pensamos en la salud de los adultos mayores, solemos preocuparnos por la hipertensión, la diabetes, el colesterol, o la alimentación. Y no notamos una pérdida auditiva, también llamada presbiacusia, hasta que aparecen señales claras: donde le repetimos frecuentemente, nos damos cuenta que suben mucho el volumen del televisor o inician un proceso de aislamiento.
Se estima que una tercera parte de las personas mayores de 65 años padecen pérdida auditiva superior a 40 dB, mientras que entre un 5-8% de los adultos mayores de 60 años padecen alguna forma de demencia asociada al deterioro cognitivo. La existencia de una pérdida auditiva afecta negativamente la comunicación, la salud y calidad de vida en las personas que la padecen, siendo asociada con diferentes emociones: ansiedad, frustración o soledad.
Por lo que una pérdida auditiva no afecta únicamente la capacidad de seguir una conversación, sino que ralentiza los procesos neurológicos, como consecuencia del declive cognitivo que la edad provoca en el sistema nervioso central, deteriorándose fisiológicamente y repercutiendo en el ámbito perceptivo y cognitivo. Esto explica por qué la pérdida auditiva está relacionada con el riesgo de desarrollar demencia.
El informe de la Comisión de The Lancet sobre la prevención, intervención y atención de la demencia indica que hasta el 45% del riesgo de demencia se atribuye a 14 factores de riesgo modificables. Estos factores incluyen conductas poco saludables, como una mala alimentación, inactividad física, el tabaquismo, problemas de salud, exposiciones ambientales y la pérdida auditiva.
En el 2023 se realizó el estudio ACHIEVE, el primer ensayo clínico controlado, aleatorizado y multicéntrico que investigó de forma directa, si tratar la pérdida auditiva puede proteger la memoria en adultos mayores. Sus resultados mostraron que tratar la pérdida de audición no ofreció un beneficio cognitivo medible en personas adultas mayores sanas, pero sí hubo un beneficio significativo en quienes tenían un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
¿Qué tiene que ver el oído con el cerebro?
Escuchar es mucho más que percibir sonidos: el cerebro debe procesar, interpretar y dar significado a lo que oímos. Cuando existe una dificultad auditiva, el cerebro no recibe la cantidad de información necesaria para lograr ese proceso, las células se van dañando y el cerebro pierde su proceso natural de codificar el mensaje. Logrando en el paciente el escucho, pero no entiendo. A nivel cerebral se da una exigencia extra, llamado “carga cognitiva”, ya que el cerebro invierte más recursos en descifrar el sonido y le queda menos capacidad para prestar atención, comprender y guardar recuerdos.
Es la razón por la que muchas personas mayores dicen sentirse “más cansadas” después de una larga conversación en un ambiente ruidoso. Con el tiempo, ese esfuerzo constante puede llevar a la persona a un mayor aislamiento social.
Pérdida auditiva y rehabilitación auditiva
La edad trae consigo cambios que no siempre podemos evitar, y la pérdida auditiva suele ser uno de ellos. Pero eso no significa que no haya nada por hacer: cuando la presbiacusia ya está presente, existen formas de compensarla, principalmente a través de las prótesis auditivas. Por eso, más que buscar prevenirlo todo, la clave está en detectarlo a tiempo y actuar de forma oportuna.
Estos son algunos puntos claves para lograrlo:
- Realizar controles auditivos: debemos realizar el examen auditivo (audiometría) una vez al año para prevenir o diagnosticar de manera temprana la pérdida auditiva.
- Prestar atención a las señales: subir mucho el volumen del televisor, solicitar frecuentemente que le repitan, o tener dificultad para entender en ambientes ruidosos, entre otras.
- Buscar ayuda audiológica cuando sea necesario: si existe una pérdida auditiva, es importante iniciar la rehabilitación auditiva de forma temprana. Esto implica una atención integral, donde tanto el paciente como sus familiares o personas cercanas reciban la información adecuada. De esta manera, la rehabilitación puede enfocarse en promover un envejecimiento saludable, ayudando a reducir el riesgo de síntomas cognitivos y depresivos asociados.
Prevención para personas con pérdida auditiva y demencia
Una recomendación sencilla: colócate frente a la persona, habla con claridad y sin gritar. Al perder la capacidad auditiva, muchas personas desarrollan una habilidad muy valiosa: la lectura labial. Ponerse de frente le permite apoyarse en ella, lo que facilita que logre escuchar y entender mejor la conversación.
Así como existen puntos claves para cuidar la audición, también hay estrategias para reducir el riesgo de prevenir la demencia: la Organización Mundial de la Salud, recomienda mantenerse físicamente activo, no fumar, llevar una alimentación saludable, llevar un control de afecciones cardio metabólicas, y usar prótesis auditivas cuando sea necesario.
Una evaluación auditiva es un paso sencillo para cuidar tu calidad de vida
Recuerda que cuando existen señales de alerta en tus oídos, como “escucha, pero no entiende”, es sumamente importante consultar y realizar una audiometría, porque cuando existe una pérdida auditiva, el tratamiento adecuado puede marcar una diferencia real en tu salud auditiva y cognitiva a largo plazo.
Una pérdida auditiva tratada a tiempo minimiza las posibilidades de procesos de demencia., ya que las prótesis auditivas compensan la pérdida de audición y estimulan las células para enviar al cerebro las señales y mantenerlo activo.
Escuchar mejor puede significar mucho más que oír sonidos: puede ayudar a mantenernos conectados con las personas, participar en nuestro entorno y contribuir al cuidado integral de nuestro cerebro.
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